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¿Cómo elijo un buen abogado?

Si en España existen más de 250.000 abogados, podemos imaginarnos lo complicado que resulta encontrar el abogado perfecto para cada caso específico. Es decir, un buen abogado para nosotros. 

No sólo se trata de elegir el abogado con mejor reputación o aquel que pertenece al bufete más prestigioso, sino conseguir dar con aquel que mejor se adapte a nuestras necesidades.

Para ello, es fundamental hacer un análisis previo de nuestra situación:

  1. ¿Por qué necesitamos un abogado? Estudiemos minuciosamente el problema, duda o situación que nos ha llevado a necesitar un buen abogado. ¿Se trata de un caso que atañe al derecho civil, al penal, al mercantil?
  2. Una vez tenemos claro el panorama que se presenta ante nosotros, hay que buscar un abogado experto en la materia. Como ya sabemos un buen abogado , especializado en derecho civil no será un buen abogado para nosotros si la materia en la que nos movemos corresponde al derecho mercantil. Busquemos pues, despachos de abogados con especialistas en la materia que nos incumbe.
  3. La reputación de un abogado es otro aspecto fundamental. Conocer por qué un abogado es considerado un buen abogado por otros usuarios, sus propios colegas de profesión o incluso el Colegio de Abogados es garantía de éxito en muchas ocasiones.
  4. Sin embargo, tan importante como la buena reputación de un abogado, es el trato que ofrezca a sus clientes. Como en otros muchos aspectos de la vida, a las personas nos gusta ser tratadas como tales y no como meros números de una lista. Aunque un abogado lleve muchos casos, el nuestro debe ser único y por lo tanto merece una atención y dedicación a la altura de nuestras expectativas durante el tiempo que dure nuestra relación. De no ser así, la confianza entre el cliente y el abogado muy probablemente se verá mermada. Y con ello los resultados obtenidos.
  5. Por último, y sin embargo fundamental, un buen abogado, o un buen despacho de abogados será aquel que cuide mucho la relación calidad del servicio / precio. Seguro que no se han planteado el siguiente supuesto; cuando se obtienen los resultados esperados , la labor del abogado suele minusvalorarse. Siempre encontramos otras razones ajenas al buen hacer de un abogado para justificar el resultado positivo (era un caso fácil, lo teníamos todo a favor, etc) Y entonces, también es más que probable que consideremos que quizá hemos pagado demasiado por ese servicio. Pero, sin embargo, cuando las cosas no salen bien, es habitual que el gran culpable, a ojos del cliente, sea el abogado y su mala gestión.

Analizando esta situación, deberíamos darnos cuenta de que será precisamente ese buen abogado, en el que invertimos nuestro dinero, el que llevó a buen puerto nuestro caso, de manera tan profesional que apenas nos dimos cuenta de ello hasta que obtuvimos el resultado deseado.

Una vez analizados todos estos puntos, coincidirán con nosotros en que la elección de un buen abogado es posible, pero no debe hacerse a la ligera, ya que de dicha elección dependerá que el resultado final sea el esperado.