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¿Cómo puede un abogado mejorar su productividad?

En la sociedad actual, muchos de los abogados tienden a malgastar su tiempo realizando actividades discrecionales que ofrecen poca satisfacción personal y que podían ser, perfectamente, encomendadas a otros trabajadores. Una de las claves para mejorar el rendimiento en el trabajo y lograr mejores resultados es librándonos de las tareas sin importancia y sustituyéndolas por otras que tengan más valor.

Algunos abogados piensan que es más fácil hacer el trabajo ellos mismos que delegar la tarea a otra persona. Uno de los principales errores que cometen los abogados al administrar su tiempo es no medir correctamente los esfuerzos, ya que suelen gastar muchas horas laborales en tareas de poca importancia. Además de esto, suele darse el caso de que a pesar de estar con la agenda llena siguen aceptando más trabajos. ¿Por qué? Quizás porque piensan que pueden con todo lo que reciben.

Algunos suelen desconocer el objetivo real de una reunión. Quién no conoce colegas de trabajo que utilizan las reuniones no porque sean fundamentales para tomar una decisión, sino porque es una salida para la interacción social que no se podría conseguir estando delante de una pantalla de ordenador. Sólo para aclarar, también se puede encontrar el tiempo para la interacción social de otra manera, por ejemplo programando una comida.

Otra cosa que nos afecta, es la presión de la gente que nos rodea. Nos gusta parecer que estamos ocupados y que somos productivos. Debemos tener en cuenta que, el valor del trabajo no lo podemos medir en horas sino en productividad; Incentivando a los trabajadores, en todo momento, para que sean más productivos. Dedicar más horas al trabajo no es sinónimo de producir más.

De esta manera, debemos encontrar cuales son las tareas de menor valor profesional, haciendo un inventario de todo lo que tenemos que hacer en una jornada laboral.

Estos trabajos los podemos clasificar en dos categorías:

  1. Las tareas que no son importantes ni para nosotros ni para la empresa.
  2. Las tareas que podemos delegar fácilmente.

Una vez identificadas las tareas, debemos ordenarlas en tres categorías:

  1. Tareas que se pueden dejar de hacer, sin que haya repercusiones.
  2. Tareas que podemos delegar fácilmente.
  3. Tareas que forman parte de grandes estructuras y necesitan ser reestructuradas.

Una vez hecho esto, lo próximo es focalizarnos en las tareas que realmente necesitamos hacer. Una vez recuperado nuestro tiempo, evitemos malgastarlo enviando correos electrónicos que no sirven para comunicar algo en específico.